Sandra también se preocupó al ver toser a Vanessa.
—Ay, Dios mío, Vanessa. ¿Estás bien? —preguntó Sandra mientras le masajeaba suavemente la nuca.
Cuando dejó de toser, Vanessa asintió y sonrió.
—Estoy bien —dijo, mirando de reojo a Ryan, que todavía llevaba puesto el cubrebocas.
—Gracias a Dios que está bien, señora Johnson. ¡Casi se me para el corazón al verla toser así! —dijo Ryan, haciendo suspirar a ambas mujeres.
—Bueno, si sigues enfermo, deberías descansar un poco. No necesitas trabajar