A Samuel le empezaba a doler la cabeza por las ocurrencias de las mujeres de la casa. Vanessa y Sandra seguían discutiendo por Ryan, a quien en ese momento le daba náuseas el olor de casi cualquier comida.
Ryan, normalmente fuerte como un semidiós, estaba débil y decaído desde esa tarde, como una mimosa sensitiva después de que alguien la rozara.
—Diablos, ¿voy a estar así para siempre? Lo único que huele bien es esta pomada. Todo lo demás huele asqueroso. Sobre todo las axilas. ¡Maldita sea! —r