—Por mi parte no tengo nada que contarle nuevo, bueno que la amo y adoro —susurro y Zetes me dio una mirada altanera.
—Déjalo papá, es un lindo lobito y todo mío —comentó Belli y me tiró una guiñada.
—Pónganse serios. —Nos apresuró Zetes.
Belli sacó una bola de papel y la desenrolló.
—Toma Berwin, lo había olvidado. —Me pasó el papel arrugado.
—La próxima vez, no lo hagas bola. —Le doy una mirada y solo espera que lo lea.
—En ese momento fue buena idea —dijo levantando sus hombros Belli.