Y tenía sus razones para estar contento, a pesar de toda la resistencia que el cerebro de Patrick había forjado contra las mujeres, parecía que al menos una, había logrado penetrar su coraza y su calma, aunque él no se hubiera dado cuenta.
—Bien, ¿Cómo te sientes, Patrick? —preguntó el galeno.
—Bastante mejor, doc. —luego de decir esto miró al doctor y una mirada de picardía brillo en sus ojos— Aunque me siento medio violado.
Una franca carcajada se dejó escuchar en la oficina, el doctor reía d