—¡Oh, Patrick! —dijo la Nana con la voz conmovida por el cariño que pudo sentir en ella— Creo que no pudiste haber elegido mejor, mi niño.
Le dió un beso en la mejilla a él y los condujo hacia adentro de la imponente vivienda. Rachel miraba todo con regocijo, se sentía como en un sueño de cuento de hadas.
La Nana la llevaba a ella de la mano, Rachel se sintió muy cómoda con ella, y no pudo evitar decírselo con su característica franqueza.
—Me agrada mucho haberte conocido, Nana —le dijo con su