James
Cuando vuelvo al pent-house, Gabriela está sentada de nuevo en el sillón de la sala mirando su celular. No sé cómo sentirme al respecto al verla ahí. Levanta su vista al darse cuenta de que volví.
—Amor, al fin estás aquí, ven —dice acariciando el asiento vacío a su lado.
Avanzo hasta ella, pero decido quedarme de pie, mi rostro no debe estarle dando la mirada más cálida del mundo porque su sonrisa se borra de inmediato.
—¿Qué estás haciendo realmente aquí?
—¿De qué hablas? —pregunta con