James
—¡Eres un maldito asesino! ¡asesino! —me grita mi abuela.
Me agarra a carterazos y patadas, asestando golpes por todo mi cuerpo como una desquiciada.
—¡Abuela basta! —suplico, pero la mujer está irascible y se niega a escucharme.
—¡¿Cómo te atreviste a hacerla abortar?! ¡Maldito, malnacido! ¡Yo no te críe de esta manera! —insulta.
Daphne retrocede unos cuantos pasos, asustada por la reacción de la vieja, y con justa razón, está a punto de tirarme en el piso y terminar de molerme a golpes.