Capítulo 43 — Imbécil
Ginebra:
Abriendo mis ojos pesarosos, apenas el sol apareció. Permanecí tirada sobre mi cama, observando el techo de mi habitación pensando; la difícil convivencia con Jordán continuaba, y lo peor de todo, era en la empresa, rodeada de personas que nos conocían a ambos. ¿Cómo mirarlo como si nada? Después de disfrutar un par de días como… si fuésemos novios, o al menos eso podría decir yo que parecíamos. Colocándome de pie después de escuchar al menos diez llamadas de Fior