Capítulo 8
Después de que mis padres se fueron, Roberto siguió esperando afuera. Mi madre debió de decirle algo, porque de pronto entró, sin hacer caso a la enfermera que intentaba detenerlo.

—¿No lo sabían?

No respondí.

—¿Nadie de tu familia sabía que estabas enferma?

—Ahora ya lo saben.

Se acercó a la cama.

—¿Por qué no se lo dijiste?

—¿De qué habría servido? —Cerré los ojos—. ¿Para que me pidieran morir sin hacer ruido y no asustar a Carolina?

Movió los labios, pero no logró decir nada. Mi celular sonó
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