Capítulo 46. Emboscada

Norah no se movió, pero miró fijamente al hombre alto y de mirada gentil. No pudo evitar notar que se veía cambiado, con cansancio en los ojos, tal vez, vacío, tal vez sin brillo. El tiempo lo había hecho más viejo, más experimentado en el dolor y la fatiga.  

Ese hombre que recordaba en el pasado ya no existía, aunque era audaz y peligroso, tenía vida en los ojos y alegría en la cara. Se reía con entusiasmo y ánimo, pero era gentil y bonachón. Su padre siempre decía que era dema

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