Capítulo 35. Una Distracción

Unos minutos después, Norah aún no entendía lo que había pasado, parecía que había sido una ilusión. La cara le ardía, y el corazón le latía como si estuviera a punto de salirse. Seguía tendida en la cama, el calor apenas la dejaba poco a poco. Aun así, no podía dejar de sentir las manos de ese hombre sobre su piel, su pecho rozando el de él, la sensación de sus labios, y el movimiento de su boca.

―¿Qué estoy haciendo? ―se preguntó jadeando mientras se volvía a cubrir con la sábana.

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