Capítulo 36. Una Distracción

No lo había sido, no fue un juego, y él lo sabía mejor que nadie. Pero jamás lo admitiría, no podía hacerlo.

Entonces la puerta se abrió. Pasos apresurados se escucharon al instante, sin embargo, no eran los del Duque, pero los de una joven mujer de ojos esmeralda. Tenía tristeza en la mirada, lágrimas escurriendo por sus mejillas.

―Adrián. ―Gina se apresuró a lanzarse a los brazos del hombre. Temblaba con tristeza. El vestido azul pastel la hacía ver todavía más delicada, y l

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