Aarón comenzó a sudar totalmente frío después de escuchar esto. —Juan, no puedo dejar de preocuparme por la señorita. Durante mis sueños recurrentes mientras ella estaba inconsciente, siempre veía lo que sucedió esa noche. ¿Puedo ver a la señorita?
—Tu señorita está muy bien. La herida en su brazo ya se ha cerrado, y las demás heridas tampoco son muy graves. Solo está pasando por un momento muy difícil y necesita tiempo para recuperarse. Necesita estar sola un rato—suspiró Juan.
Alejandro pensó