Julio escuchó a Pol en silencio, sin decir una palabra en todo momento. Solo se podía oír su respiración pesada y llena de odio, subiendo y bajando en la tenue penumbra del vehículo.
—Julio, no te enojes demasiado, cuida de tu salud—expresó Pol con una expresión llena de preocupación.
—¿Hasta dónde ese muchacho de la familia Hernández quiere arruinar a mi hija?— Julio se lamentó con la mano sobre el pecho, sufriendo un dolor que parecía que su corazón estaba sangrando.
—A pesar de lo que ocurrió