—Lo... siento... —El rostro de Esperanza se puso totalmente rojo y su conciencia se volvió borrosa.
—He dicho que esta cara tuya, incluso en la ciudad de México, solo puede aparecer en ocasiones muy especiales y mantenerse oculta durante el día. Eres mi as bajo la manga, eres mi valiosa posesión. Lo que te ordene hacer, eso debes hacer. No tienes el derecho de llamar la atención ni el permiso para actuar de manera desenfrenada y loca.
Pol estaba lleno de malicia e ira, apretando cada vez más la