Altas horas de la noche.
Clara, tras disfrutar de un relajante baño de agua caliente, se puso un elegante bata de seda de color melocotón. Envuelto su cabello negro azabache con una delicada toalla, su rostro radiante y rosado por el calor, comenzó a descender las escaleras.
A pesar de todas las preocupaciones recientes y las molestias vividas, no había nada que no pudiera hacer la señorita Clara. Estaba decidida a convertirse en presidenta, y no permitiría que nada, ni nadie se interpusiera en