El ambiente en la habitación del hospital era bastante opresivo y tenso.
Antes, Ema solía ser la consentida de Enrique, cuidada y protegida. Aunque Enrique no podía estar frente a la cama de Fernando todos los días, ella estaba segura de que, incluso si estaba ocupado, encontraría algo de tiempo para visitarla todos los días en caso de que estuviera enferma.
Pero ahora, había pasado tres largos días y sin señales de él, algo impensable en el pasado.
—Enrique—Ema se apoyó débilmente en el cabecer