—¿Alguien la está manipulando? ¿Hay secretos que no conocemos aquí? — preguntó Rodrigo con sorpresa.
—¡Rodrigo, ¿esto es realmente cierto?!— exclamó Alba con emoción, golpeando sus muslos. Luego, continuó con enojo: —Siempre pensé que nuestro joven señor era un hombre recto e intachable. Lo vi crecer desde que era niño. No puedo creer que se deje influenciar tan fácilmente por una mujer, y que pierda el control, o no pueda contener sus deseos carnales. Si realmente hubiese cometió un error, ento