—Espera—Alejandro, después de escuchar las palabras anteriores, sintió una inexplicable ira que se apoderaba de su corazón, y habló en tono serio, —Irene, ¿todavía te falta una disculpa?
Rodrigo suspiró profundamente, frustrado por no poder callar la boca de Alejandro.
Clara sintió un dolor punzante en el pecho y lo miró fríamente.
Alejandro sintió cómo esa mirada decepcionada atravesaba su alma por completo.
—¡No fue la cuñada! ¡No fue la cuñada!
Una dulce y suave voz sonó a tiempo, como si un