Clara sintió una creciente sospecha en su corazón, y miró disimuladamente a Alejandro. No entendía qué quería este hombre.
—Son solo productos comunes, estoy haciendo negocios normales— dijo Pol mientras empujaba sus anteojos. Sus ojos azules y elegantes reflejaban una sonrisa de profunda ambigüedad, y solo la ligera rigidez en sus labios revelaban su enojo oculto. —Alejandro, tu imaginación parece estar demasiado activa. Incluso si tienes prejuicios contra mí, no deberías juzgar gran facilidad,