—Me diste una muenda, pero aun así te diré la verdad. Tu figura es realmente impresionante— la mirada de Alejandro se tornó profunda y sincera.
—¡Cállate! ¡No digas ni una palabra más! — Las mejillas de Clara se volvieron enrojecieron como duraznos maduros, sus ojos destellaban de furia, —Aléjate de mí, ten cuidado porque si te veo de nuevo quizás te rompa esas patas para que no puedas ni siquiera arrástrate en tu próxima vida.
—No me importa en absoluto, solo me interesas tú, Clara. Si no me de