Leonardo sonrió fríamente. —Solo tuve un encuentro casual con esta vulgar mujer, nos cruzamos por mera casualidad. ¿Por qué tendría alguna razón para defenderla? Y, señorita Clara, ¿qué razón tiene usted para ajustar cuentas conmigo?
—Oh, ya veo—dijo Clara con una sonrisa maliciosa, pareciendo un astuto, pero a su vez hermoso zorro. "En ese caso y si las cosas son así, llevaré a la señorita Fátima a dar un paseo por el salón de banquetes más tarde, para que todos, especialmente la señorita Isido