¡Boom!
La puerta se cerró de un golpe.
Después de unos minutos, Leonardo y su secretario salieron. Se podía observar en sus ojos una mirada feroz, y su reloj de acero brillante en la muñeca derecha. Desde la habitación aún se escuchaban súplicas dolorosas.
—Tú quédate aquí y encárgate de todo esto—dijo.
—Como usted mande.
—Clara... esta chica es realmente interesante—Leonardo dejó escapar una mirada siniestra mientras apretaba los dedos. —Hace mucho tiempo que no encuentro a alguien que se atrev