—Sé que no soy o he sido una buena persona, no necesitan recordármelo una y otra vez lo mal que solía ser.
Alejandro frunció el ceño con tristeza, y aplastó el cigarrillo a medio consumir en el cenicero. —Pero mi corazón, es como un peón en un tablero de ajedrez, solo avanza, nunca retrocede. En esta vida, solo quiero a Clara, una mujer, y nunca renunciaré. Me he enredado con ella.
*
Noa durmió hasta la tarde.
Cuando se despertó, Rodrigo ya le había preparado la cena.
—Hermanita Noa, durante el