Una gran fiesta acababa de terminar, pero otra gran conmoción estaba a punto de comenzar. En este momento, ni Enrique ni Alejandro estaban en casa. Leona estaba convencida, de que Noa había contado a su abuelo, así que fue a su habitación, agarrando su cabello mientras la arrastraba hasta la sala. Había aprendido la táctica que su padre había usado para humillar a Alejandro en público y la estaba aplicando.
—Hermana, ¡suelta! ¡Me duele la cabeza! — Noa estaba llena de lágrimas y sentía que le es