El grupo regresó a la villa en Bahía de Luna con Fernando. El abuelo, en un gesto de generosidad, caminaba sosteniendo a Alejandro con su mano izquierda y a Clara con la derecha, sin soltarlas ni por un momento. Durante todo el camino, el abuelo no solo no soltó sus manos, sino que también estuvo regañando a Enrique sin parar, y sus palabras eran variadas y creativas. Clara estaba tan preocupada de que agotara todas sus energías al regañar a la pareja.
Después de regañar al matrimonio, el abuel