El resplandor dorado del sol poniente, a través de las brillantes ventanas de cristal, caía suavemente sobre sus sombras entrelazadas, apasionadas y deslumbrantes, dejando un suave destello de amor.
Tan gentil como ese profundo beso.
Clara fue besada por el hombre, hasta que sus mejillas se enrojecieron como rosas, aturdida y entumecida, sintiendo hormigueo en cada terminación nerviosa.
Al principio, todavía tenía fuerzas para golpear con fuerza el pecho y los hombros del hombre con sus delicado