Las pupilas de Clara temblaron y sintió como si se ahogara.
Su mirada se encontró con la de Alejandro, y esta se adentró en lo más profundo de sus ojos, tan hermosos como cristales en llamas.
El hombre duro y fuerte se vio alterado, a punto de rendirse ante el calor.
Luego, Clara rio. Se mostró distante, como si nunca se hubieran conocido.
―Resulta que el señor Hernández ha llegado aquí tan furioso para vengarse de su esposita. Después de soportar su ira durante tanto tiempo, parece que está