Rodrigo salió de la habitación y, en lugar de regresar rápidamente, deambuló sin rumbo por la mansión del grupo Hernández. Parecía casual, pero en realidad tenía un propósito. Anhelaba ver a esa pequeña figura que siempre llevaba su cabeza agachada y una apariencia apenada. No era precisamente un buen hombre, pero esa tierna y afligida joven siempre lograba despertar una ternura inesperada en él.
—Rodrigo, ¿qué haces aquí? — Alba lo encontró justo a tiempo y se acercó sorprendida.
Rodrigo parecí