El chirrido de neumáticos rozando el pavimento resonó en el estacionamiento mientras Aarón veía cómo la señorita manejaba en un emocionante derrape y estacionaba el coche con precisión.
Una sonrisa de orgullo se apoderó de las comisuras de los labios de Aarón.
Clara salió del coche en una bata, el cabello aún húmedo, y sus ojos destilaban furia.
—¿Dónde está la habitación de Rodrigo? —preguntó con enojo.
—En la suite presidencial en el último piso—respondió Aarón con preocupación, bajando la voz