—Esta vez, no se trata de la llamada de medianoche, es el susto de medianoche. —Diego bromeó mientras tomaba un sorbo de vino tinto, tratando de aligerar el ambiente.
Después de todo, esta noche, tanto él como Javier estaban acompañando a su hermana menor, y no se atrevían a hacer nada que molestara a Flora.
De lo contrario, las dagas en su cruz no eran decoración, y en ese momento ni siquiera Jesús podría salvarlo.
—¡Flora realmente se atreve a venir?¡Maldita sea, dame armas! —Javier maldijo mi