—¡Tan despreciable! Pronunció Clara entre dientes.
Los hijos de la familia Pérez, desde que eran pequeños, habían sido protegidos por Julio y las tres esposas, lo que les dio un amplio espacio de libertad para perseguir sus sueños y lograr sus ideales.
Clara también se dejó llevar por el amor en el pasado, abandonó su hogar por Alejandro, poniéndose en peligro y permitiendo que él pisoteara repetidamente su noble corazón, todo por la absurda y ridícula idea del verdadero amor.
Ahora, ella había