En ese momento, César llegó con una taza de café y la colocó en la mesa.
—Señor Hernández, ya he contactado a la responsable de la empresa de Alexa, la señorita Silvia. Ella dijo que estaría dispuesta a reunirse con usted.
—En serio? —finalmente los ojos apagados del hombre mostraron algo de brillo.
—Sí, pero solo aceptó una reunión. Su actitud fue bastante fría y poco entusiasta.
César suspiró preocupado: —Tengo miedo de que este asunto... termine en nada.
—No pasa nada. Mientras la representan