—¡Oh!
Un murmullo de asombro resonó en el público, seguido de aplausos más enérgicos y efusivos que antes.
Rodrigo estaba completamente sorprendido y miraba a Alejandro con preocupación.
En ese momento, el hombre se mantenía imperturbable como una estatua de hielo, irradiando un aura gélida y amenazante que parecía congelar instantáneamente a cualquiera que lo tocara.
Como si hubiera sido cuidadosamente planeado, un rayo de luz capturó su figura, como una burla que llegaba desde lo alto, golpeán