El equipo de Hernández se miró confuso, y César sintió como si un rayo le hubiese caído encima.
Al ver la expresión lúgubre de Alejandro, Beatriz intentó tranquilizarlo: —Alejandro, no tienes que preocuparte. Es solo un pinche jardín, tenemos muchas opciones similares en todo el país, podemos contactar a otras empresas.
Antes de que terminara de hablar, Alejandro repentinamente retiró su brazo de él, pero con tanta fuerza, que la hizo tambalearse un poco hacia atrás, sintiéndose avergonzada.