—¡Claro que sí!
—Entonces, iré contigo y con la señorita Inés— la sonrisa de Aarón era tan cálida como la de un hermano mayor.
Después de todo, Clara e Inés habían crecido bajo su cuidado. Aarón recordaba vívidamente cómo Inés solía seguir a su hermana mayor cuando tenía seis o siete años, con mocos en la nariz y chupando un pirulí.
Clara no notó nada extraño, ya que Inés tenía una piel tan blanca como la porcelana, y su tierna cara y personalidad tímida hacían que se sonrojara fácilmente.
Pero