Al ver el aspecto débil de Noa, la espalda erguida de Rodrigo de repente parecía perder su fuerza, inclinándose poco a poco. Este hombre, que siempre había sido tan valiente y fuerte, ahora finalmente se derrumbaba emocionalmente. Con la cabeza baja y los hombros totalmente encogidos, parecía estar luchando por contener el agudo dolor en su interior.
Las grandes y claras pupilas de Noa se llenaron rápidamente de lágrimas. Con gran dificultad levantó la mano y de forma temblorosa acarició la cara