La helada morgue, con su frío penetrante, constantemente te recordaba que aquí, en este lugar donde yacen los muertos, hay un gran abismo infranqueable entre la vida y la muerte.
Clara y Alejandro, parados en la penumbra junto a la puerta, dejaron que Rodrigo tuviera la última oportunidad de ver a Luisana.
Bajo las sábanas blancas, Luisana, con su rostro aún sin un rastro de color, seguía siendo hermosa y muy serena. Sus ojos estaban cerrados pacíficamente, con una leve sonrisa en sus delicados