Hasta que escuchó la respiración tranquila, se levantó ágilmente y se acercó, arrodillándose junto a la cama con una rodilla, sus ojos profundos observaban su rostro tranquilo y hermoso mientras dormía.
Después de un breve momento, solo murmuró: —No te pareces a ella.
Esperanza pareció oírlo, sus largas pestañas se movieron como suaves abanicos, y al final de sus ojos se reflejaba un brillo húmedo.
La garganta de Juan se movió arriba y abajo, deseando limpiar esa pequeña lágrima.
Pero al final,