Cuando notó el momento en que Clara e Isidora se miraron, sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, su garganta se quemaba como si estuviera en llamas, tensaba con fuerza los músculos del cuello, con una expresión feroz, los ojos saltones, gritando furioso una y otra vez: —¡Maldita, cómo te atreves a conspirar contra mí con extraños! ¡No te dejaré pasar esto por alto!
Laura miraba con serenidad al hombre de semblante amenazante, sus labios ligeramente curvados, una lágrima brillante rodaba con fu