En la puerta de Villa Hermosa.
La brisa nocturna soplaba suavemente, bajo la luz de la farola, Pol se mantenía erguido, solo en la oscuridad de la noche, esperando a la persona que ocupaba sus por completos pensamientos.
No sabía cuánto tiempo pasó hasta que la puerta se abrió de par en par.
Clara vestía un ligero vestido azul claro, con los ojos oscuros como el azabache, caminaba directo hacia él con una determinación impresionante, como una espada afilada y muy poderosa.
—Clara—exclamó Pol con