—Rodrigo, has vuelto temprano hoy— respondió Alejandro a su saludo, con un tono ligeramente sorprendido.
—Mi amor ha vuelto, después de un día agotador, ¿no vienes a abrazarme? — Rodrigo sonrió con ternura en sus ojos, extendiendo los brazos hacia Noa mientras dejaba caer su abrigo negro sobre sus hombros, sin preocuparse por el suelo.
Noa sintió un apretón inexplicable en su corazón, pero aún así se acercó obedientemente, como un gatito tierno, se metió en sus brazos. El cuerpo alto de Rodrigo