—¡Noa!
Los ojos sombríos de Rodrigo de repente se iluminaron, ansioso por llegar a Noa, la abrazó con fuerza y ternura, su voz temblorosa por el temor hacía que se rompiera. —Lo siento, todo es culpa del esposo, llegó tarde.
Te hice pasar tanta injusticia y dolor, ¡y te lastimé! ¡Golpéame con fuerza!
Todos quedaron asombrados.
¡Dios mío!
Rodrigo ya había perdido su ira anterior, ahora lo que decía era un hombre sumido por completo en el amor.
¿Qué tipo de encanto tenía esta joven para hacer qu