En un instante, Esperanza dejó de hablar, y la atmósfera entre ellos se tornó incómoda.
Juan frunció el ceño mientras examinaba detenidamente el rostro sonrojado y apurado de la mujer, y una fría y despectiva sonrisa se formó en lo más profundo de su corazón.
¿Definitivamente, moriré a manos de Pol o a manos tuyas?
No olvido esa noche, cuando intentabas acercarte a mí con malas intenciones, con esa aguja venenosa escondida en tu peinado.
Tú claramente querías matarme.
Pol siempre ha estado hacie