Leticia se sintió extremadamente atónita, su palma parecía entumecida y quedó totalmente suspendida en el aire, incapaz de moverse.
La bofetada fue implacable, impactando directamente en el rostro de Diego, resonando con un sonido nítido.
Teófilo, con lágrimas en los ojos, miraba fijamente al hombre que se interpuso y sin mediar palabra se puso frente a él. Su corazón latía tan fuerte que parecía a punto de salirse de su pecho, como si quisiera aplastar todo su ser.
—Diego, ¿por qué harías esto?