Cuando Julio sintió la humedad en su entrepierna y el líquido tibio seguía fluyendo por sus piernas hacia el suelo, su interior pareció dividirse con un dolor insoportable.
Rubén, como si hubiera sido alcanzado fuertemente por un rayo, se quedó paralizado en el acto, atónito durante dos segundos. Sin embargo, se recuperó de inmediato y gritó a toda la multitud: —¡La reunión ha terminado! ¡Todos deben abandonar de inmediato!
La cara de Julio palideció al instante, su mirada perdida, bajando lenta