Después de unos minutos.
Alejandro llegó directamente a las afueras de la mansión de Clara.
Bajó la ventana del coche y miró las cálidas luces. Pensar que en este momento Rodrigo estaría dentro con Irene lo hizo sentirse sofocado.
El ceño fruncido de Alejandro, la palma de su mano sudorosa sostenía el teléfono móvil.
En la pantalla, Irene llevaba un sensual camisón de tirantes, su figura elegante y seductora se insinuaba.
Antes, ella solo solía usar vestidos holgados de algodón blanco, parecía u