Después de salir de la cárcel, Noa fue abrazada intensamente por Rodrigo todo el camino, la cálida respiración del hombre la envolvía muy fuerte, pero aún así temblaba suavemente en su pecho.
—Mi amor, no te sientas mal—Rodrigo apretó los labios, momentáneamente sin palabras.
No sabía qué decir para consolarla.
—Rodrigo.
Noa inclinó la cabeza, con sus ojos enrojecidos y lágrimas en las pestañas. —Gracias, gracias por permitirme verla por última vez. Es suficiente, realmente es suficiente. No vol