Inés se cambió alegremente a una camisa grande y ancha, tan grande que parecía un vestido. Se movía con gracia y alegría frente al espejo, más feliz que al ponerse cualquier vestimenta muy elegante.
De repente, su teléfono sonó, asustándola y haciendo que su corazón diera un vuelco total. Se acercó sigilosamente a la cama, recogió el teléfono y vio que era la llamada de su madre, lo que aceleró sus latidos y la puso bastante nerviosa. Sin embargo, al final, temiendo que su madre se preocupara, d