Los ojos de Ema daban vueltas mientras continuaba pensando en alguna estrategia para enfrentar la situación. Finalmente, apretó los dientes, maquinó un plan y consideró que de cualquier forma ya habían pasado veinte años. Aunque la criada testificara, ¿qué importancia tendría? Después de todo, ella no presenció nada con sus propios ojos y todas las pruebas ya no existían.
Cambiando su enfoque, su expresión se calmó gradualmente y se enderezó lentamente. Enrique la miró con sorpresa, sin recordar